
A veces pienso que usted ya no me quiere.
Pero no se preocupe, esos lapsos no duran más de 3 horas, duran lo mismo que me dura un mal genio.
Durante ese espacio se me ocurren cosas, sospecho del calor, de que no use la ropa que ya le dije que es adecuada (buso cuello tortuga negro, jean, bufanda y guantes), de que se haya entretenido con cualquiera de esos animales que tanto le gustan.
Entonces cuando ya estoy decidida a ponerle los puntos sobre las íes, suena el teléfono que usted me compró (que para su información, tiene un ringtone de una canción que me lo recuerda siempre, que sé que le encanta y que en una de sus frases dice “I would give anything, MY BLOOD, MY LOVE, MY LIFE”, y entonces contesto “aló”, seco, que usted pueda sentirlo, pero a usted parece no importarle y me dice “hola mi Gattunina”, o me canta, o me saluda con voz de monstruo, o me pone alguna canción que me encante, y ¿sabe qué sucede?, recuerdo en un flashback que usted es el mejor solecito, amigo, encendedor de aire frío en noches cálidas, amante, ponedor de medias y pantalones en mi cuerpo en clima frío, pintor de arcoíris, trabajador, matador de zancudos, arropador de noches frías, conductor, súper héroe, veterinario, altruista, arrunchador, invitador de excelentes comidas y cocinador de los mejores desayunos, y que las cosas que se me pasan en la cabeza durante ese lapso son majadería, e inmediatamente lo vuelvo a amar.
Y lo amo más cuando antes de comenzar mi jornada, todos los días usted me dice “ten un buen día”. Y entonces comprendo que usted, en conjunto con otras 50 mil cosas, ilumina mi existencia.