Cuarenta y siete (Me duele un hombre en todo el cuerpo).

“Espero curarme de ti en unos días.Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.

Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.

Me receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», «¿sabes manejar?», «se hizo de noche»… Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.”

 

Jaime Sabines.

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Cuarenta y cuatro (Pain).

Desde hace un par de días, la persona que fue mi protector de infancia se ha ido de esta tierra, no sé por qué decidió irse, no alcanzó a decirme las razones, mas siempre he pensado que cuando alguien toma decisiones tan radicales, es porque son las acertadas.

Creo que la última vez que lo ví fue corriendo en Semana Santa del año pasado en mi finca, corríamos porque teníamos miedo, él era el mayor y el que ese día hablaba menos, nos burlamos de muchas cosas y por eso nos asustaron 🙂

Ed. conocía a mis papás, mis tíos, mis hermanos, mis abuelos y mis otros abuelos, siempre fue bienvenido como un hermano, y siempre estuvo en todas las reuniones, él y su hermano César siempre estaban juntos.

Cuando yo estaba peque y bajo el cuidado de mi primo, ellos siempre me llevaban de la mano, siempre fui la consentida, y cuando salíamos de Bogotá a caminar, Ed. siempre me esperaba para darme la mano, así en el paseo se presentaran ancianos o niños, él siempre estaba pendiente de mí, pero no de la manera morbosa, él era como uno de mis hermanos mayores, siempre lo fué y así continuará.

No sé bien cuántos años tenía cuando quisieron quitarle la vida, ni de quién fue esa decisión, pero como todo en la vida: sucedió. Creo que tenía cerca de 30, es que es de esas personas que son tan de uno que esas cosas no importan…

Ed. siempre fue el protector de niñas, recuerdo mucho cómo nos cuidaba a mi prima, a Karen  y a mí cuando estábamos peques, y ahora a Mariana, a mi hermanita… siempre estaba dispuesto a colaborar y con una sonrisa hermosísima que lo adornaba 🙂

Envío mucha fuerza y buena vibración a su madre y César, que como siempre, estuvieron duros así la vida les haya tocado de una manera tan fuerte.

Ahora Ed. se encuentra en un lugar en donde no existe el sufrimiento, un lugar que muy seguramente es mejor que éste.

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Cuarenta.

Sea lo que sea que haya sido, se devuelve a lo más primitivo, la intimidad, y se creó una adicción bastante particular.

solo me gustaban los amaneceres de despedidas con besos, y las vibraciones de su voz cuando cantaba, y verlo a los ojos durante horas pasó a ser mi actividad favorita.

Cómo podía entender lo que le estaba diciendo si no lo conocía?: no pensar.

Decidí intentar ser lo que anhelaba, sin fantasear aventuras irreales, vanas… y cuando me di cuenta que sí podía ser quien soy, todo arriesgué a ser más yo, sin miedo a perder, ni la esperanza que no poseía, aposté la fe que no abrigaba, jugué a ser mujer, jugué a ser yo y no perdí.

“Todavía su rayo lasser me traspasa.
Hablábamos del cosmos y de iconografía,
pero todo vino abajo
cuando me dio el santo y seña.
Hoy encontré esa mancha en el lecho,
tan honda
que me puse a pensar gravemente:
la vida cabe en una gota.

¿A quién le importan unos labios transparentes
que no tuvieron hambre,
unas piernas que sólo corrían al amor?

Se me ha perdido un hombre.”

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Treinta y nueve.

…Ni cincuenta mil tazas de queso fundido en chocolate…

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Treinta y ocho.

Estas imágenes las “robé”, literalmente. Porque me encantaron… están hechas (y robadas) con mucho amor♥

🙂

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Treinta y siete.

Algunas con girl-power!

Para levantarse:

Para levantar:

Para mandar a la porra (o a la mierda, si se quiere…)

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Treinta y seis.

 

Algunas veces las unas tendemos a buscar que se ponga arriba el que -generalmente- está abajo.

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